Y en ese instante
el sufrimiento de ausencia,
de falta, de soledad
fue tan fuerte que su corazón gimió
Ya no lloraba,
pero sus ojos nunca más volverán a estar secos,
que ese es el llanto que no tiene remedio,
aquel fuego continuo que quema las lágrimas
antes de que ellas puedan brotar
antes de que ellas puedan brotar
y rodar por las mejillas
José Saramago
Hilario Camacho - Tristeza de amor

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