El evangelio según Jesucristo - José Saramago

Y en ese instante
el sufrimiento de ausencia,
de falta, de soledad
fue tan fuerte que su corazón gimió


Ya no lloraba,
pero sus ojos nunca más volverán a estar secos, 
que ese es el llanto que no tiene remedio, 
aquel fuego continuo que quema las lágrimas 
antes de que ellas puedan brotar 
y rodar por las mejillas

José Saramago


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